Feliz Navidad

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Esta es noche de vigilia y mañana es Navidad. El nacimiento de Jesús (cuya fecha exacta no conocemos bien) empezó a celebrarse de manera relativamente tardía, hacia el siglo IV, y (esta es la teoría más extendida) se fijó la fecha del 25 de diciembre para "bautizar" la fiesta romana del nacimiento del sol ("Natalis Solis Invicti"), porque consideraban que Cristo es el verdadero "sol que nace de lo alto" (cf. Lc 1, 78) que ha venido a visitarnos. Algunos podrán pensar que esta es una de esas típicas manipulaciones "ideológicas" de los cristianos. Los que tenemos una actitud positiva y benévola hacia el cristianismo (y algo más, si nos declaramos creyentes) vemos aquí una actitud de diálogo y apertura, que no niega o destruye lo que se encuentra en los pueblos y culturas a los que anunicia la buena noticia de Cristo, sino que lo acoge, lo purifica, lo "bautiza" y le de su más verdadero y profundo sentido (al tiempo, por cierto, que, como en este caso los cultos solares, desmitifica). Por otra parte, el carácter histórico de la fe en Jesús como Mesías y salvador (Cristo) los cristianos lo celebraron desde el principio en la Pascua, cuya datación es mucho más segura.

 

El nacimiento de Jesús, no se percibe enseguida, porque no hace ruido. Pero sucede, mientras estamos distraídos en todos los acontecimientos que sí que producen estruendo y nos crean la sensación de que este mundo es un desastre y no tiene remedio (y los que nos vienen vendiendo remedios, probablemente acaben creando los mismos y mayores desastres que los que pretenden arreglar), pero están pasando cosas, como el embarazo de una doncella de Nazaret que es el germen de un mundo nuevo, de una forma nueva de relacionarse con Dios y entre nosotros.

 

La Navidad es un encuentro preparatorio del gran Encuentro entre Dios y el ser humano, que tiene lugar en Jesucristo. Y las actitudes que descubrimos hoy en María, tratando de hacerlas nuestras, nos ayudan a hacer posible y real ese encuentro que Dios busca con nosotros, pero que sin nuestra cooperación no es posible. 

 

Os deseo a todos una feliz Navidad, os deseo que podáis vivir su verdadero y profundo sentido, la sorpresa de un Dios que viene a visitarnos, que podemos ver y tocar (pero por eso mismo, también despreciar y golpear), y que, por ser Palabra, quiere conversar con nosotros. Todos los deseos de felicidad, amor, alegría, y toda clase de cosas buenas, no son deseos abstractos, ligados a la suerte o al destino, sino a la presencia real entre nosotros del que hizo el Cielo y la Tierra, abandonó el Cielo para habitar en la tierra, y quiere hacernos partícipes en su poder: el de ser hijos de Dios y, precisamente por eso, hermanos entre nosotros. 

 

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